HISTORIA DE LA GUERRA EN GUATEMALA

GUATEMALA
GUERRA Y REPRESIÓN EN EL SIGLO XX
VI. La guerrilla. Nacimiento y desarrollo de la lucha armada en Guatemala.

Por Pausanias el Ácrata (abril 2006)

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La lucha armada como producto de las contradicciones engendradas por el sistema neoliberal se inicia en Guatemala en la década de los 60. La inviabilidad de una solución pacífica a la paupérrima situación social y a la creciente militarización con que el poder se manifestaba llevan a un sector de la sociedad a tomar las armas como vía de actuación política. Los antecedentes que se pueden apuntar como paso previo a la formación de los primeros movimientos armados del pueblo son el levantamiento militar de Zacapa e Izabal, las luchas de 1962 y la intentona guerrillera de Concuá. Analicémoslo con más pausa.

- El levantamiento militar de Zacapa e Izabal.

El 13 de Noviembre de 1960 se realiza un frustrado levantamiento militar contra el gobierno del general Miguel Idígoras Fuentes. Tras varios días de combate en los departamentos de Zacapa e Izabal, esta intentona es sofocada. Organizada por oficiales, subalternos y superiores organizados en una organización conspirativa llamada “Logia del Niño Jesús”, los motivos para el levantamiento eran, por un lado, el disgusto con la corrupción reinante y el descuido de la administración militar y, por otro, las maniobras que llevaba a cabo en el departamento de Retalhuleu como preparativo para la invasión de Cuba, la brigada de exiliados cubanos llamada “2506”. A esto, hay que sumarle la corrupción en la administración pública del régimen Idígoras que provoca desaprobación unánime entre los confabulados castrenses.
La rebelión fracasó por la retirada de ella en el último instante de buena parte de los conjurados. Al parecer, esto se debió a que una tendencia considerada por ellos como muy izquierdista buscaba imponerse en la dirección del alzamiento.
Después del fracaso, un grupo de oficiales subalternos (Luis Turcios Lima, Marco Antonio Yon Sosa, Luis Trejo Esquivel, Rodolfo Chacón, Zenón Reina, Augusto Loarca, Alejandro de León…) persistieron en su actitud disidente fundando el llamado Movimiento Revolucionario 13 de Noviembre (MR- 13 N) que inicia operaciones en 1961.

- Las luchas de 1962.

Entre Marzo y Abril de dicho año, la amplia lucha de masas contra el antipopular gobierno de Idígoras Fuentes marca otro hito a señalar. Tras la represión feroz de la dictadura de Castillo Armas, el movimiento obrero y sindicalista se encuentra debilitado la multitud que se derrama a la calle en un clamor popular es dirigida, fundamentalmente, por los estudiantes universitarios, sector radicalizado de la pequeña burguesía. Sin embargo, la larga lucha en las calles no consigue el desplome del déspota general pero, en vez de esto, tendrá dos efectos fundamentales: por una parte, demuestra agotadas las instancias de lucha político-sociales (dejando únicamente abierta la vía armada) y, por otra, Idígoras solo consigue mantener el control gracias a una ampliación de la esfera de autonomía relativa de las fuerzas armadas que, con la integración del gabinete militar que exorciza la crisis, inician una ocupación del espacio vacante que deja la ausencia de partidos burgueses.

- La intentona guerrillera de Concuá.

Los partidos pequeño-burgueses desaparecen con la caída del régimen de Arbenz, aferrándose a la arena política únicamente el partido comunista de Guatemala, el PGT (Partido Guatemalteco del Trabajo), expresión política de los obreros asalariados del campo y la ciudad, así como de los campesinos pobres. Actuando en la clandestinidad y bajo persecución, había seguido impulsando una reorganización de los sectores populares y pequeño burgueses progresistas. Acordado en su III Congreso de 1960 impulsar todas las formas de lucha, en 1961 se acepta por el Comité Central la creación de un brazo armado. En 1962 se crea un grupo guerrillero que empieza a actuar en Concuá, Baja Verapaz. Su nombre, 20 de Octubre. Este destacamento fue en breve aniquilado por el ejército debido a errores de organización y carencia de estrategia militar.

En Marzo de 1963 se produce un golpe militar que, conducido por el Ministro de Defensa, derroca al agotado gobierno ydigorista . El coronel Enrique Peralta Azurdia toma el mando con renovados bríos. En Diciembre de 1962 se crean las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), fusión de los oficiales del MR-13 N, el Movimiento 12 de Abril, formado por estudiantes de segunda enseñanza y universitarios, radicalizados desde las luchas de Marzo-Abril de ese año, y el Movimiento 20 de Octubre, con el que el PGT se unía a la lucha. Se inicia así propiamente dicha, la lucha guerrillera en Guatemala.

EL MOVIMIENTO GUERRILLERO.

La guerrilla se presentó políticamente como un movimiento de carácter socialista. En 1964 se escinde una facción de carácter trostkista de la IV Internacional, que pasó a denominarse Movimiento Rebelde 13 de Noviembre. El movimiento guerrillero no fue excesivamente numeroso en esta etapa inicial, nutriéndose de la pequeña burguesía del campo y la ciudad, así como de estuantes de segunda enseñanza y los pequeños propietarios rurales del oeste del país. Fue, paradójicamente, minoritaria la participación de obreros, proletariado agrario y miembros de las etnias indígenas.
Durante los años 60 la lucha fue principalmente en el terreno militar, con escaramuzas y ataques sorpresa, sabotajes y secuestros de altos funcionarios del gobierno (las FAR exigieron como requisito para la liberación que el gobierno diera cuenta del paradero de los desaparecidos). La superioridad táctica de las FAR era apabullante, en parte por la concepción nacionalista del gobierno de Peralta Azurdia que no consistió ni requirió mayor participación de los programas norteamericanos de asistencia.

Sin embargo, en el periodo que va desde 1966 a 1968 la organización guerrillera sufre una sangrienta derrota. Al ascender al poder el único civil que presidió un gobierno entre 1954 y 1986 se inicia una dilema ideológico para la comandancia guerrillera. Méndez Montenegro se presentaba como hombre de la izquierda y legítimamente electo por las urnas. Si las FAR como afirmaban luchaban por una verdadera democracia social, el nuevo presidente parecía satisfacer la primera demanda por la que luchaban. Esta duda pronto se disipa. En 1966, Montenegro firma un pacto con los militares. La cúpula militar ata los cabos para mantener el timón en sus manos. Méndez Montenegro no será más que otro pelele de trapo en las manos de la maquinaria castrense. La represión que inicia este gobierno será recordada por la historia como una de las más sanguinarias de la historia reciente de Guatemala. La ayuda que su predecesor en el cargo despreció es bienvenida en esta etapa. Asesores militares estadounidenses acuden al país para diseñar el aparato de la contrainsurgencia de acuerdo a las técnicas más modernas y despiadadas. La operación Fénix que los gringos están desplegando con cierto éxito en Vietnam se aplica para Guatemala. Es la siembra del terror. Hacer que el pueblo esté aterrorizado, asustado y acobardado ante el poder destructivo del terror. Éste, viene en forma de toque de queda, secuestros, desapariciones, torturas, asesinatos, patrullas paramilitares… Junto a esta represiva táctica, el nuevo armamento que llega del norte pertrecha a las tropas chapinas. Los fondos para mantener este Estado de contrainsurgencia se consiguen sin excesivo esfuerzo.
De esta manera tan funesta y en el transcurso de dos años de angustia para el pueblo de Guatemala, la guerrilla ve diezmados sus efectivos y sus apoyos (muchos de los propietarios rurales que les brindaban ayuda desertan de ello o, incluso, pasan a bando contrario).
Cuando esta ola de terror se retrae, la disidencia ideológica es escasa.
En la década siguiente la forma de lucha será intelectual más que armada. Se promueven manifestaciones y huelgas. A partir de mediados de los 70 los grupos armados subversivos se recomponen y comienzan de nuevo una actividad de hostigamiento y sabotaje. El EGP desde su primera actuación en 1975 demostró gran capacidad táctica y operativa. Esta primera acción, el asesinato del Tigre del Ixcán, Luis Arenas Barrena, desastó una de las primeras olas de represión en el área. La huelga en Guatemala Ciudad de 1976 (después del terremoto)  creó el contexto necesario para atraer la atención sobre las actividades genocidas del ejército en las tierras altas. Después de 1976 el EGP centró su atención en el campo, comprendiendo la acción de masas como un factor decisivo en la lucha popular guerrillera (atendiendo al contexto de la masacre de Panzós, la toma de la embajada española y la huelga en la costa sur).
En 1992 todas las fuerzas armadas del país se unen para crear un único grupo. Este será la URNG (Unión Revolucionaria Nacional Guatemalteca) que inicia desde este momento un importante despliegue de acciones que demuestran su buen estado táctico y de efectivos.
De esta forma, se podría afirmar que la guerrilla surge desde un enfoque nacionalista primero para luego ir asentándose en posiciones marxistas o socialistas. Desde que nacieran los primeros movimientos subversivos armados en los 60, la línea de vida de estos ha sido constante. En diferentes etapas se han visto debilitados hasta casi desaparecer al enfrentar modernas estrategias por parte de un gobierno con apoyos tácticos llegados desde el extranjero. La superioridad numérica, tanto en efectivos como en armamento, de la institución militar guatemalteca en varios momentos han estado a punto de inclinar definitivamente la balanza hacia una victoria gubernamental con la extinción del movimiento insurreccional en armas. Nunca llegó a acaecer esto.
Aparte de la valoración moral que cada cual pueda dar al surgimiento y desarrollo de una lucha armada y violenta para enfrentar el sistema establecido, la guerrilla se puede considerar una consecuencia lógica de las contradicciones inherentes al sistema económico y de producción impuesto para Guatemala desde la propia Conquista. La pobreza extrema a la que el pueblo estaba sometido unida a una terrible represión cuando intentó reclamar un mínimo de dignidad, posicionó a sectores amplios del campesinado y la población indígena a apoyar e incluso unirse a los movimientos que dirigían intelectuales blancos. Se ha acusado reiteradamente a la guerrilla de radicalizar la situación política del país y contribuir a desatar el terror que campó impune desde 1960. Creo que son acusaciones vanas. La violencia ya estaba instalada dentro del Estado guatemalteco desde tiempo inmemorial y la guerrilla solo vino a contestarla con sus mismos medios. Cuando todos los demás recursos fallan y la vía de la “legalidad” se agota, el alzamiento armado se convirtió en la única respuesta que una amplia capa de la sociedad encontró para continuar luchando. En un país vendido a la inversión extranjera y en manos de unos militares-oligarcas asociados a la alta esfera burguesa que controlaba los medios de producción, así como los políticos, es inviable la posibilidad de cambio democrático cuando este resulta lesivo, en todos los sentidos, para esa comunidad gobernante. Aparte de simplistas juicios de valor maniqueos,  la guerrilla resulta entonces una consecuencia inevitable de los desajustes a los que el sistema liberal monopólico generaba en Guatemala.

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